Posteado por: wizfun | 11 febrero, 2016

El yeti de Formigal, por Javier Pérez de Albéniz

Aquí donde me ven, he tenido en mis manos el cráneo de un yeti. Fue en Nepal, camino del Everest, en el monasterio budista de Tengboche. Quizá debido al cansancio de la ascensión por el valle de Khumbu, consecuencia de la falta de oxigeno al encontrarme a casi 4.000 metros de altura, el resto del legendario hombre de las nieves no me impresionó demasiado: parecía una cáscara de coco. 

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